La CDMX cuando aún era DF
Cuando me encargaron esta entrada, sabía que tendría problemas para redactarla, principalmente por que no suelo salir de vacaciones a ningún lado, ciertamente he salido de la ciudad, incluso del país, pero en realidad no han sido cosas del otro mundo, o estaba muy pequeño para recordarlas, pensé en hablar de un viaje parcialmente ficticio de uno de los mejores días de mi vida (de hecho es una historia muy linda con un final triste, espero poderselas compartir en algún momento) y mientras escribía sobre ese día, vino a mi mente el que creo que a sido el mejor viaje de mi vida.
No recuerdo mucho, como ya comenté, era muy pequeño, recuerdo que nos fuimos en camión desde Cancún a Querétaro, fuimos mi mamá, mi hermana, mi abuelita (mamá Maguito) y yo a visitar a mi bisabuelita. Mamá pilar era un ser sumamente tierno, su capacidad para sacarte una sonrisa era envidable, su mirada transmitía más juventud que la de muchos veinteañeros que conozco, pero la historia no gira en torno a ella, de hecho, apenas y la vi en ese viaje, yo estaba ocupado apreciando lo que consideré por mucho tiempo una mansión, la casa de mi mamá pilar tenía demasiados cuartos, dos pisos, tres puertas para entrar a la cocina y una conexión en el lavadero rumbo a la casa de mi tía, tremenda sorpresa me llevé al regresar a la misma casa y darme cuenta que en realidad no era tan grande, que fue solo mi percepción de pequeño.
En Queretaro vi el estreno de la segunda temporada de Hanna Montana y en Guanajuato el estreno de Camp Rock, recuerdo que conocí a muchos primos, tíos y sobrinos, la mayoría agradables, excepto Marianita y Lalo, creo nunca haber conocdo niños más mimados que ellos, pero hasta convivir con ellos fue una grata experiencia.
Lo mejor de todo fue el regreso, mi mamá tomó la decisión de regresarnos haciendo una pequeña escala a en la CDMX,ella era la Reina de la Paranoia, teníamos plan de emergencia por si ella se quedaba fuera del metro, por si yo me quedaba fuera del metro, teníamos plan hasta por si no encontrábamos hotel donde dormir. Esto último fue todo un caso, más de cinco horas buscando un lugar para dormir, entramos a cientos de hoteles, pero todos eran "de paso", curiosa palabra que mi mama no tardó en explicar con un sutil "lo usan muchas personas solo para tener sexo e irse". El tiempo pasó y la espera valió totalmente la pena, nos hospedamos en un hotel que parecía salido de un sueño, para un niño de 9 años acostumbrado a dormir con un ventilador tan ruidoso como para escuchar los pensamientos propios, el lujo me dejó perplejo, la habitación tenía jacuzzi propio, almohadas de pluma, televisión plasma (en 2007) y ¡cable! por un momento me sentí realizado.
El día siguiente fuimos a six flags pero de eso no tengo recuerdo alguno, lo que se quedó en mi mente fue que al prender la televisión mis ojos vieron por primera vez una felación, mi hermana y yo gritamos, mi mamá corrió a apagar la televisión, el control no reaccionaba y terminó por desconectarla, solo para que en cuestión de segundos el teléfono sonará con la recepción preguntando "¿Desea que quitemos los canales de adultos?".
El regreso fue inminente, al día siguientes estábamos tomando el avión de regreso a la rutina, pero siempre trato de recordar lo que aprendí de aquel viaje, primero. la cantidad de moteles en la Ciudad de México es proporcional a la cantidad de indigentes mientras que una imagen pornográfica durará en la mente de un niño lo suficiente para visualizarla cada vez que escuche la palabra "pornografía".
Si, al parecer hay muchos moteles en la ciudad.
ResponderEliminarque increíble experiencia
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